No había forma de despertarlo al Mágico González... Le llevé el despertador del Pato Donald, y me llegaba tarde igual. Una vez le llevé un tablao flamenco a la pieza para ver si se levantaba... cuando se levanta me dice: ¡¡Me despierto porque me gusta la música!!
Amigos míos, los invito a examinar una proposición mucho más siniestra; a saber, que la violencia, la crueldad y el asesinato son actos totalmente racionales, concebidos con tanta intención como una pieza teatral, para promover los objetivos – políticos, financieros o personales – de quienes los perpetran...
Yo puedo hacer una canción en diez minutos, pero puedo tardar 14 años en hacer una buena canción. Mi lucha siempre ha sido tratar de hacer un disco entero, no sólo tener dos o tres canciones buenas y ya está. El dinero que se gasta la gente para comprar un disco es un dinero muy importante, entonces vaya desilusión si al final el disco no le gusta.
No encontrarás ningún disco de oro en ningún sitio de mi casa. Porque eso hace que te sientas agasajado: mira lo que he hecho. Pero siempre quiero sentir que no he hecho todo.
Un electrón no es más (ni menos) hipotético que una estrella. Hoy en día, contamos los electrones de uno en uno con un contador Geiger, como contamos las estrellas de una en una en una placa fotográfica.
En una losa, en el interior de un nicho, descubrió un ataúd viejo, pero vacío, en cuya deslustrada placa reza esta simple palabra: Jervas. En ese ataúd y en esa cripta me ha prometido que seré sepultado.
De mi madre aprendí que nunca es tarde, que siempre se puede empezar de nuevo; ahora mismo le puedes decir basta a los hábitos que te destruyen, a las cosas que te encadenan, a la tarjeta de crédito, a los noticieros que te envenenan desde la mañana, a los que quieren dirigir tu vida por el camino perdido
Debes procurar buscar la firma, esa tarjeta de visita que sólo dejará tu asesino. Así es como lo acorralarás, pese a las clasificaciones que le den los psiquiatras.
Un electrón no es más (ni menos) hipotético que una estrella. Hoy en día, contamos los electrones de uno en uno con un contador Geiger, como contamos las estrellas de una en una en una placa fotográfica.
La memoria opera como la placa de una cámara oscura, que concentra todo y da una imagen mucho más bella que el original.