Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa
El chiste es un motor de insubordinados, tremendamente poderoso. A veces un amigo, a veces el ingeniero.
Las lecturas de otros influencian, desde luego, mi lectura personal, ofrecen nuevos puntos de vista e iluminan ciertos pasajes, pero en su mayoría son como el mosquito que le dice a Alicia al oído: Podrías hacer un chiste con eso. Me rehúso; soy un lector celoso y no voy a permitirle a nadie el ius primae noctis con los libros que leo.
Cada pueblo tiene la ingenua convicción de ser la mejor ocurrencia de Dios
La fe puede ser brevemente definida como la creencia ilógica en la ocurrencia de lo improbable
Los de mentalidad reducida se parecen a las botellas: cuando menos tienen, más bulla hacen.
Reconozco que no soy un santo, que me gusta la noche y que las ganas de juerga no me las quita ni mi madre. Sé que soy un irresponsable y un mal profesional, y puede que esté desaprovechando la oportunidad de mi vida. Lo sé, pero tengo una tontería en el coco: no me gusta tomarme el fútbol como un trabajo. Si lo hiciera no sería yo. Sólo juego por divertirme.
Me encantó hacer el papel de Eduardo Manostijeras porque no hay nada cínico, hastío ni impuro en él. Casi es un chasco mirarme en el espejo y darme cuenta de que no soy Eduardo.
Pues hay gente por la calle que se cree que con negar el infierno ya puede vivir tranquila. Son idiotas. Menudo chasco se van a llevar en la muerte.
Con estructura federal no se lograría una mayor prosperidad en las regiones, sino que estas cultivarían pequeños intereses, enemigos de un alto ideal de la nación, fomentados por los hombres mediocres. Es más fácil destacar en medios de cultura paupérrima que luchar en las grandes capitales con hombres de gran talla
Vivimos en un mundo donde los hombres se visten con trajes ya confeccionados. Peor para ti si tienes demasiada talla
En cuanto se rechaza la alternativa (en cuanto se enturbia el paradigma), comienza la utopía: el sentido y el sexo se convierten en el objeto de un juego libre dentro del cual las formas (polisémicas) y las prácticas (sensuales), liberadas de la prisión binaria, van a ponerse en un escajo de expansión infinita. Así pueden nacer un texto gongorino y una sexualidad dichosa.
La vida es un juego del que nadie puede en un momento retirarse llevándose sus ganancias.