La televisión en nuestros días, centro de las creencias y las idolatrías inexplicables, ni es creyente ni deja de serlo, es el precipitarse de imágenes que se disuelven en la indiferenciación, es la rutina que de pronto adquiere visos de zarza ardiente.
Recuerdo el día en que vino a pedirme ayuda con una de sus grandes canciones, 'Taxman'. Yo lo ayudé porque él me lo había pedido. Vino a mí porque sabía en ese momento que Paul no lo habría ayudado. Pero en verdad no tenía ganas. Lo que pensé fue: 'Uh, no, encima tengo que trabajar con las cosas de George' Pero lo amaba y no quería herirlo, y cuando me llamó me contuve y le dije que sí
John y Paul viven en el mundo material