No pongáis vuestro afecto en la soberanía mortal y no os regocijéis con ella. Sois como el pájaro incauto que con plena confianza canta sobre la rama, hasta que de repente, la muerte cazadora lo derriba al polvo, y la melodía, la forma y el color desaparecen sin dejar rastro. Por tanto, tened cuidado, ¡Oh esclavos del deseo!
Conocí gente del pueblo engañada por una Iglesia tan cómplice como beneficiaria del poder del Estado y de los terratenientes latifundistas, gente permanentemente vigilada por la policía, gente que durante innumerables veces fue víctima inocente de las arbitrariedades de una justicia falsa
La modestia es la más inocente de las mentiras.
La Iglesia fue más allá, e hizo al hombre un policía de sí mismo, hasta que los hombres temieran pensar y no dudaran. El pensador era sospechoso. El tonto crédulo fue presentado como el modelo de perfección religiosa. Fue el más vil sistema que el mundo haya conocido.
Siempre he pensado que tan necio es el hombre excesivamente crédulo como el que peca de escéptico.
El primer boceto que realicé me dejó admirado. ¡Era realmente bueno! Desde entonces trabajaba confiado y satisfecho. Había desaparecido la duda interior, el conflicto que tanto me atormentaba en Europa. Pintaba con la misma naturalidad con que respiraba, hablaba o sudaba.
He seguido la trayectoria en la que he creído y he confiado en mí mismo.
Esta primavera las aves han vuelto demasiado pronto. Alégrate, razón, el instinto también yerra. Se emboba, se despista.
Qué saben el invierno o el otoño o la primavera o el verano del recuerdo. No saben nada del recuerdo. Saben que pasan y que vuelven. Saben que son estaciones. Saben que son el ]. Y saben afirmarse. Y saben imponerse. Y saben sostenerse. Qué sabe el otoño del verano. Qué lamentaciones tienen las estaciones. Ninguna odia. Ninguna ama. Y pasan.