Frank Sinatra tenía algo en su voz que solo he oído en otras dos personas: Judy Garland y María Callas. Una calidad que me lleva a desear llorar de felicidad, como un atardecer hermoso o un coro de niños cantando villancicos.
Hoy gusto mucho más de los niños de lo que gustaba de ellos hace dos años atrás. Basta cambiar una mirada, un gesto, una sonrisa.