Damas de noche, que en el asiento de atrás de un coche no preguntaban si las querías.
El objeto silla siempre me interesó. Miro ésta que es antigua, comprada en un anticuario, y estilo imperio; no se podría imaginar mayor simplicidad de líneas, contrastando con el asiento de fieltro rojo. Amo a los objetos en la medida en que ellos no me aman.
En la vida caí tantas veces que llegué a tocar el suelo con la frente, pero tuve fe para levantarme siempre. Y todo lo hice sola
Aprendí el vocabulario del amo, dueño y patrón, me mataron tantas veces por levantarles la voz, pero del suelo me paro, porque me prestan las manos, porque ahora no estoy solo, porque ahora somos tantos.
Abandónate al destino y adáptate a las circunstancias, pues lo que está escrito no se borra porque tú quieras
Aprendí pronto que al emigrar se pierden las muletas que han servido de sostén hasta entonces, hay que comenzar desde cero, porque el pasado se borra de un plumazo y a nadie le importa de dónde uno viene o qué ha hecho antes.
El corazón que no ama es una cisterna tenebrosa, un depósito inmóvil que no recibe ni da. El corazón que ama es el remanso a cielo abierto, donde las mil corrientes del mundo descansan un instante para partir otra vez.
El sentido común no es más que un depósito de prejuicios establecidos en la mente antes de cumplir dieciocho años.