Existen dos causas importantes que dan al socialismo utópico inglés su carácter peculiar: la revolución industrial con su cortejo de miserias para la naciente clase proletaria y el desarrollo de una nueva rama de la ciencia: la economía política.
En el estado naciente del amor vale la regla del comunismo: cada uno da según sus posibilidades y cada uno recibe según sus necesidades
Yo reconozco, amo y venero el canto a lo humano y el canto a lo divino, desde el punto de vista del texto literario y del punto de vista musical. Basta con conocer un verso a lo divino para conocer el espíritu fino, sabio y delicado del cantor chileno.
A dos hombres venero yo en este mundo: al labrador sufrido de mano callosa y nervuda, en la que permanecerá para siempre una real e indeleble majestad, puesto que en ella está el cetro de este mundo. Y a aquel que trabaja por las imprescindibles necesidades del espíritu; no por el pan cotidiano, sino por el pan de la verdadera vida.
Esforcémonos en obrar bien: he aquí el principio de la moral.
Queremos una democracia integral, que parta del hombre y de su realización. Buscamos afanosamente la igualdad de los pueblos. Se acabaron los poderosos y los pequeños, todos somos iguales. Todos dependemos los unos de los otros. De ahí que nosotros partamos del principio jurídico de la igualdad de los pueblos.
Si sintiera deseos de volarme los sesos, trabajaría en una mina de carbón o me haría ́paparazzi ́. Esta vida es jodidamente bella y no me volaré la cabeza por cualquiera: preferiría que alguien lo hiciera por mí.
Veo al novelista como a una combinación de detector de metales y orfebre. El novelista debe descubrir el potencial, la mina de oro, del alma del hombre, debe extraer el oro y entonces crear una corona tan magnífica como su habilidad y su visión se lo permitan.
Fue pues en esta ocasión cuando yo, por nacimiento casi un salvaje y por condición menor que un pobre, me inicié en esta ciencia que me abrió el camino a mayores empresas.
La magia es tan vieja como el hombre y nadie acertaría en señalar su origen, de la propia suerte que no cabe computar el nacimiento del primer hombre.