¡Ah, si yo pudiera! Pero cielos y tierra conspiran para tornarme miserable. Recibid mi corona. ¿Recibirla? No; mis manos inocentes no se mancharán con tan sucio crimen. A ver quién de vosotros desea más mi sangre y gloriaos de ser asesinos de un rey. Ea, matadme.
El pato es feliz en su sucio charco porque no conoce el mar.
Es imposible imaginar un espectáculo más nauseabundo que el del plagiador.
Para el puerco todo es porquería.
¿La mujer más repugnante que conocí? Pamela Des Barres, con el detalle de que las mujeres no son repugnante; ella es un hombre
La propia palabra secretismo resulta repugnante dentro de una sociedad libre y abierta; y nosotros, como pueblo, nos oponemos inherente e históricamente a las sociedades secretas, los juramentos secretos y los procedimientos secretos.
Nada es tan bajo y vil como ser altivo con el humilde
Jamás la civilización, la tierra estuvo amenazada por tantos peligros como lo está hoy, no por seres de otros planetas, sino por vándalos terrícolas vil sirvientes del sistema que se valen de sus medios bárbaros para llamar a toda su destrucción desarrollo.
Y cuando sonríe incluso me parece que este cochino mundo tiene algo de futuro
...los hombres saben mejor que las mujeres, saben recio como cochino salado, como jamón, da gusto comer un buen macho, las mujeres saben dulce como quien come flores y te dejan él estomago flojo como si no hubieses comido.
De pie frente a la sonrisa en la cabeza de un chancho recién horneado. No seas menos generoso.
Espero morir como he vivido, respetándome a mí mismo como condición para respetar a los demás y sin perder la idea de que el mundo debe ser otro y no esta cosa infame
Clara, bella y perfumada, era una tarde serena, de esas tardes en que el cielo todas sus galas ostenta, en que la brisa y la flor nos hablan con voz secreta, en que las bellas inspiran, en que medita el poeta, en que el infame se esconde, en que el pueblo se recrea.
Hoy el País Vasco es un cuerpo social infectado por una septicemia.
¡Oh cuán despreciable es el hombre que no deja de elevarse sobre las cosas humanas!
-EL hombre libre, y mucho más el espíritu libre, pisotea esa especie de bienestar despreciable con que sueñan los tenderos, los cristianos y las vacas.