El deseo humano de un principio, un medio y un fin y un fin apropiado a la magnitud de ese principio y ese medio no se realiza tan cabalmente como en las obras que Coleman enseñaba en la Universidad de Athena. Pero fuera de la tragedia clásica del siglo V aC, la esperanza de conclusión, y no digamos de una consumación justa y perfecta, es una ilusión demasiado necia para que la tenga un adulto.
El mundo es una comedia para los que reflexionan y una tragedia para los que sienten.
No creo en el remordimiento: es una palabra de melodrama que jamás consideré auténtica.
En el teatro me coarta mucho la limitación de tiempo y la limitación de espacio. Es decir, que lo que ocurre en el drama que tú quieres narrar no tenga más que una hora y media o dos horas de duración. Y otro tanto diríamos del espacio físico: toda tu historia debe estar ceñida a uno, dos o tres escenarios a lo sumo. Estas limitaciones me molestan.
La estructura de una obra de teatro es siempre la historia de cómo los pájaros regresan a casa para sentar la cabeza
Lamentar un infortunio pasado, y que no existe, es la más segura vía de crearse otro infortunio.
La verdadera amistad es planta de lento crecimiento que debe sufrir y vencer los embates del infortunio antes de que sus frutos lleguen a completa madurez.
Sé que voy a sufrir la eterna desventura de vivir esperando vivir pegado a ti, para toda la vida, mi vida
No podría sobrevenir mayor desventura que librar la imperfecta naturaleza humana del único látigo que la hace progresar: la necesidad y el hambre.
El segundo plano tiene que sumarse a la composición y ayudar a comprender al personaje. Hacer sólo el retrato de alguien famoso no significa nada.
No sé qué composición tendrán nuestras almas, pero sea de lo que sea, la suya es igual a la mía, y en cambio la de Eduardo es tan diferente como el rayo lo es de la luz de la luna, o la nieve de la llama.