Todo en mí se abre, se asombra; me late el corazón; una sobreabundancia de vida me sube a la garganta como un sollozo. Ya no sé nada; es una vehemencia sin recuerdos y sin arrugas.
Me encontré a mí mismo en la esquina de una calle, sopesando doce años de mi vida con un nudo en la garganta y lágrimas en los ojos, y no sabiendo hacia dónde ir
Se prohíbe recompensar al delator y al traidor, por más que agrade la traición y aún cuando haya justos motivos para agradecer la delación.