Con pensamientos claros y limpios y la práctica del bien seréis hombres transparentes y justipreciados, como el agua de las fontanas de las altas montañas, como el rocío que desciende del firmamento y se acuna y brilla en la mañana, como el diamante que resiste duros golpes y continúa impertérrito irradiando esplendores y venciendo las agresiones de la sombra y la tiniebla.
Los árboles inciensan, refrescan, se derraman e inundando desperezan las plumas de los pájaros y sacuden las alfombras desde las ventanas, cepillan con rocío el esfuerzo, mientras los jóvenes amantes ejecutan sus pequeñas resurrecciones.