Es muy probable que los premios literarios hayan sido creados por algún demiurgo sarcástico para subrayar la carcajada con que el tiempo se venga de las certidumbres.
Una carcajada vale por cien gruñidos en cualquier mercado.
¡Huye lo más lejos de punta asesina, del espíritu cruel y de la risa impura que hacen llorar los ojos del azur con todo ese ajo de barata cocina!
... quien no conoce la risa es susceptible de conocer la pena, y ésta es aún más compleja.