Ser humano exige ver lo perecedero y el mismo perecimiento como elementos de nuestra propia condición.
Sofía.- Sé, Mercurio, que el conocimiento universal es distinto del particular, como lo finito de lo infinito.
El entonces se repite sin cesar en el ahora, y el allá se repite en el aquí. Y, como por otra parte, a pesar de los más desesperados esfuerzos, no se ha podido representar un tiempo finito ni un espacio limitado, se ha decidido creer que el tiempo y el espacio son eternos e infinitos con la esperanza de conseguir una explicación un poco más perfecta.
Estoy seguro de que incluso en la cámara de gas, cuando el fluido letal los estuviera ahogando y convirtiendo en terror la esperanza de sus corazones, el viejo doctor les susurraría en un último esfuerzo que todo estaba bien y que todo iba a salir bien, para ahorrar a sus pupilos, al menos, el miedo ante el paso de la vida a la muerte.
Creo que el peor daño social es la ignorancia aliada con la estupidez y el poder. En España, independientemente de ideologías, esa trilogía letal se da con desagradable frecuencia. A algunos basta oírlos expresarse para comprender que, no es que no hayan ni hecho el Bachillerato, es que alardean públicamente de ello.
Otro generador de vejez es el hábito: el mortífero proceso de hacer lo mismo de la misma manera a la misma hora día tras día, primero por negligencia, luego por inclinación, y al final por inercia o cobardía. El hábito es necesario; es el hábito de tener hábitos, de convertir una vereda en camino trillado, lo que una debe combatir incesantemente si quiere continuar viva.
El venenoso griterío de una mujer celosa resulta más mortífero que los colmillos de un perro rabioso.
El dulce reposo no sólo da vigor al cuerpo, sino también al espíritu, pero el trabajo abrumador va corroyendo las fuerzas de uno y otro
Si imposible es hacer tu vida como quieres, por lo menos esfuérzate cuanto puedas en esto: no la envilezcas nunca por contacto excesivo con el mundo que agita movedizas palabras.
El orgullo excesivo es un pecado corriente, pero que un hombre puede, con la misma facilidad, frustrar la voluntad de Dios por una excesiva humildad.
El matrimonio, como la vida entera, es algo terriblemente difícil que hay que volver a empezar desde el principio todos los días, y todos los días de nuestra vida. El esfuerzo es constante, e inclusive agotador muchas veces, pero vale la pena. Un personaje de alguna novela mía lo dice de un modo más crudo: También el amor se aprende
Calificando la política republicana de izquierdas: política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta; en sus diarios, una y otra vez, trata a los políticos que le rodean de obtusos, loquinarios, botarates, gente impresionable, ligera, sentimental y de poca chaveta, insufrible por su inepcia, injusticia, mezquindad o tontería.
Sustituir el amor propio por el amor a los demás es cambiar un tirano insufrible por un buen amigo
La manera en que una persona toma las riendas de su destino es más determinante que el mismo destino.
No sé si hay un cambio climático en el que es -o no- determinante la acción del hombre
Sí a la vida. Sí al amor. Sí a la generosidad. Pero el hombre es también un no. No a la indignidad del hombre. A la explotación del hombre. Al asesinato de lo que hay más humano en el hombre: la libertad
El ser humano está dotado de libre albedrío, y puede elegir entre el bien y el mal. Si sólo puede actuar bien o sólo puede actuar mal, no será más que una naranja mecánica.
Las religiones llegadas al poder han ahogado las más de las veces el suspiro de la criatura agobiada en templos de mármol y en vestiduras de púrpura, y las jerarquías eclesiásticas han abusado del sentimiento como apoyo de un mundo insensible.
Si la mujer no puede hacer deliciosos sus errores, es una criatura infeliz
Siempre es lamentable cuando cualquier ser humano cae en una condición apenas más respetable que la de un animal. ¡Cuánto más lamentable es cuando la persona que cae ha tenido todas las ventajas!
La persona que no se apoya en Dios no puede, basándose en sus propios recursos, oponer resistencia a los halagos físicos y morales del mundo.
En México, todavía, el valor de caudillos, mártires, artistas notables y valores del hogar sólido se determina por el número de estatuas que consiguen, y por la mezcla de terquedad y docilidad con que monumentos y bustos aceptan el avance omnívoro de lo urbano. Y que se cuiden los iconoclastas. Ya lo advirtió Jean Cocteau: El riesgo de un destructor de estatuas es convertirse en una.
Me he convertido en la muerte, el destructor de mundos.