La elocuencia es la señora de todas las artes
Hay ciertas cosas en las que la mediocridad es intolerable: la poesía, la música, la pintura, la elocuencia pública. ¿Qué tortura es escuchar un discurso frío se pomposamente declamado o de segunda categoría verso hablado con ampulosidad todo mal poeta Sitio!
El silencio es el signo de la sabiduría y la locuacidad es señal de la estupidez
Saber escuchar es el mejor remedio contra la soledad, la locuacidad y la laringitis.
La envidia que parla y que grita es siempre inhábil; se debe temer bastante en cambio la que calla.
Estas palabras son mías, de la afluencia de mi corazón: Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero.
Quiero dominar el mundo. Cada vez que alcanzo la cima de un pico descubro otro al que quiero subir. Es como si no pudiera parar. Quizá debería descansar y admirar el paisaje, pero no puedo. Tengo que seguir. ¿Por qué? No lo sé...
El hombre hace suyo un lugar no sólo con el pico y la pala, sino también con lo que piensa al picar y palear.
Cuanta más poesía leemos, más aborrecible nos resulta cualquier tipo de verborrea, tanto en el discurso político o filosófico, como en los estudios históricos y sociales, o en el arte de la ficción. El buen estilo en prosa es siempre rehén de la precisión, de la rapidez y de la lacónica intensidad de la dicción poética.
Los libros en prosa son perros de muestra que yo crío y vendo para mantener a mi gato.
La literatura es mi esposa legítima y la medicina mi amante. Cuando me canso de una, paso la noche con la otra.
La novela ha sido un gran instrumento para realizar cambios en la literatura en prosa. Desplazó el centro de la atención de la corte a la burguesía, luego al pobre y al labrador, y luego a la persona común sin tener en cuenta su posición.