El instinto de la manada siempre lleva a valorar muy alto lo mediocre. Lo aprecia como algo valioso. Creen que son fuertes porque representan a la mayoría. En las capas medias no existen la sorpresa ni el temor. Se empujan unos contra otros para sentir la ilusión del calor. En la mediocridad nadie puede encontrarse a solas con algo, mucho menos consigo mismo. ¡Y cuan felices parecen!
Uno de los fallos actuales es la ausencia de liderazgo joven. Evolutivamente, la manada siempre recurrió a los jóvenes cuando tenía dificultades: atravesar un río, subirse a una montaña
Yo imagino que es bueno mandar aunque sea a un hato de ganado.
El perro que ladra a la luna está plenamente convencido que la luna lo oye.
Estoy más convencido que nadie del profundo abismo que existe entre el hombre y las bestias porque sólo él posee el don del habla racional e inteligible que nos eleva muy por encima del nivel de nuestros humildes semejantes