La escuela no es deliberativa, no es el coloquio permanente. La escuela es la transmisión del saber, de las normas y de los valores, y en el primer lugar de todos, el del respeto. Quiero una escuela del respeto donde los alumnos se levanten cuando llega el profesor.
En la conversación o cualquier otro coloquio sucede inevitablemente que el placer de unos y el aburrimiento de otros han de compensarse mutuamente; siendo mucha suerte poder mantener ese equilibrio.
Cuando se marginan del procedimiento democrático la razón y la lógica (cuando ya no tiene sentido someter a debate o discusión las decisiones que debemos tomar), todas las cuestiones que se nos plantean quedan reducidas a algo muy sencillo: ¿quién puede ejercer el poder más bruto?
Mientras el destino asoma su perfil, el presente se debate con la muerte como quien se juega el todo por el todo, como una moneda puesta al viento
El Parlamento no es nada más que una reunión de personas más o menos inactivas
Manejamos nuestras empresas de forma simple, tenemos muy pocos escalones y, ciertamente, sin burocracia. Hacemos e implementamos las decisiones rápidamente, por lo general antes de que nuestros competidores en el mercado hayan llevado a cabo su quinta reunión sobre el mismo tema
Yo he encontrado en la literatura el refugio que no encontraba tan perfecto en el cine o en el café o en la tertulia o en el juego
He usado del derecho del novelista al tomarme unas cuantas libertades indispensables respecto de la historia contemporánea de Medio Oriente y de la estructura del personal en el servicio diplomático británico. También he mejorado la belleza de la plaza Trafalgar, añadiéndole unos cuantos olmos.
Tiene la ciencia sus hipócritas, no menos que la virtud, y no menos es engañado el vulgo por aquéllos que por éstos. Son muchos los indoctos que pasan plaza de sabios.
Spielberg fracasó con su quinta película. Ágora es mi quinta película o sea que a mí ya me toca fracasar.
Que en amigotes de los que hay agora Ni deuda ni mujer está segura.
En la actualidad los lectores no tienen la posibilidad de juzgarme a mí y a mi novela en el tribunal más severo que existe, es decir, en sus corazones y en sus conciencias. Como siempre, éste es el tribunal por el que yo quiero ser juzgado.
Hitler era nuestro soberano. Hubiera sido intolerable para mí verle ante un tribunal extranjero. Todos ustedes conocieron al Führer. Hubiera sido el primero en levantarse y decir Yo dí las ordenes, y por lo tanto asumo toda responsabilidad. Pero preferiría morir diez veces antes que ver al soberano de Alemania sujeto a tal humillación.