Mi madre fue la mujer más bella que jamás conocí. Todo lo que soy, se lo debo a mi madre. Atribuyo todos mis éxitos en esta vida a la enseñanza moral, intelectual y física que recibí de ella.
La rosa es más bella bañada por el rocío de la mañana, y el amor es más hermoso humedecido por las lágrimas.
Por otra parte, los vampiros siempre son hombres. Y lo mismo ocurre con los duendes. Y los dos son peligrosos. Pero ninguno de los dos es ni la mitad de peligroso que una bruja de verdad.
Recuérdame como la del mal genio, recuerdame. Recuérdame como la bruja amargada que chillaba y no coqueteaba cuando se necesitaba.
Ha mantenido dos valiosas constantes en su administración. La primera es que ha sido riguroso en la aplicación de los principios del buen gobierno. Y la segunda es que ha sido obsesivo en promover y mejorar la cultura ciudadana. Estos dos aspectos, a la larga, son tanto o más importantes que la buena gestión fiscal o la transformación física de la ciudad.
Mi madre me enseñó a amar a la gente y a tratarla de buena manera. Es una persona dulce y maravillosa a la que le gusta cocinar, hacer ropa y estar con la familia. No bebe, fuma ni molesta. Nadie ha sido mejor conmigo en mi vida entera.