El paisaje se aclara, el sol asoma en una faja escarlata sobre la diafanidad del cielo.
Tu cimbreo, tu cintura me estremecían y el jardín parecía tener más rosas y el verano calor.
Así como un buscador de perlas se ata una piedra a la cintura para sumergirse y tomar la perla del fondo del mar, cualquiera que bucee en las profundidades de su propio ser con desapego puede obtener la perla del Yo.
Vi el ángel en el mármol y tallé hasta que lo puse en libertad.
Con esos labios de rosa, con ese talle de liana ¿Adónde vas tan hermosa que pareces una diosa?