En el caos donde se confunde la luz cegadora y la oscuridad ciega, los gritos, el estruendo de las explosiones, el crepitar de las metralletas; en el caos que hace añicos la percepción del tiempo Krímov tuvo una intuición de una nitidez asombrosa: los alemanes habían sido arrollados, los alemanes estaban vencidos.
Tremendo contraste entre el crepitar del cuerpo en su comienzo y la paz de las cenizas.
¡Cielos! me decía, ¿Es posible que esos dos seres tan amables y amantes no sean más que dos duendes, acostumbrados a encarnarse en toda suerte de formas para burlar a los mortales? ¿Es posible que no sean más que dos brujas o, cosa más execrable aún, dos vampiros a quienes les está permitido animar los cuerpos odiosos de los ahorcados del valle?
Que aunque dejas burlado el lazo estrecho que tu forma fantástica ceñía, poco importa burlar brazos y pecho si te labra prisión mi fantasía.
Torear es desengañar al toro, no engañarlo. Burlarlo, que no es burlarse de él
Ahora tengo veintiocho años y en realidad soy más ignorante que muchos escolares de quince. Es cierto que he reflexionado más, y que mis sueños son más amplios y grandiosos, pero les falta el equilibrio (como dicen los pintores); y me es imprescindible un amigo con el suficiente sentido común como para no burlarse de mi romanticismo, y que pueda con su afecto controlar mis sentimientos impulsivos.
¿Alguna pregunta más? ¡Oh, sí, muchísimas! Dijo Sara. Todas las del mundo. Pero no sé por dónde empezar. Me va a estallar la cabeza. No hay tiempo. Pues mira, no, la cabeza que no te estalle. Y tiempo hay, es lo único que hay.
Los obreros disponen de un poder formidable y cuando lleguen a darse bien cuenta de él y se decidan a usarlo, nada podrá resistirles. Bastará que cese todo trabajo y se apropien de todos los productos de su trabajo, que los consideren y los gocen como propios. Éste es el sentido de los motines obreros que vemos estallar casi por todas partes.