El libro realiza una multitud de tareas, algunas soberbias, otra deprorables; distribuye conocimientos y miserias, ilumina y engaña, libera y manipula, enaltece y rebaja, crea o cancela operaciones de la vida. Sin él, evidentemente, ninguna cultura sería posible.
Dejando la verja montañosa, encontré ha Japón. Canciones en los recogedores de hoja de té.
Estaréis en vuestra casa mirando la televisión y de pronto aparecerá un anuncio en la pantalla y una voz dirá, ¡Comed las chocolatinas de wonka! ¡Son las mejores del mundo! ¡Si no lo creéis, probad una ahora mismo...! ¡Y lo único que tendréis que hacer es alargar la mano y cogerla! ¿Qué os parece, eh?
El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto.