El libro realiza una multitud de tareas, algunas soberbias, otra deprorables; distribuye conocimientos y miserias, ilumina y engaña, libera y manipula, enaltece y rebaja, crea o cancela operaciones de la vida. Sin él, evidentemente, ninguna cultura sería posible.
Cuando seáis vieja, por la noche con las velas, sentada cerca del fuego, devanando e hilando, diréis, mientras cantáis maravillándoos mis versos, Ronsard me alababa en los tiempos en que era bella.
Tener el control en la vida nunca es fácil, y a veces puede ser hasta doloroso. Pero a largo plazo las experiencias óptimas añaden un sentimiento de maestría (o tal vez mejor sea decir, un sentimiento de participación al determinar el contenido de la vida) que está tan cerca de lo que queremos decir normalmente como felicidad como cualquier otra cosa que podamos imaginarnos.