Una vez que dejemos de valorar más lo público que lo privado, seguramente estaremos abocados a no entender por qué hemos de valorar más la ley (bien público por excelencia) que la fuerza.
El instinto de la manada siempre lleva a valorar muy alto lo mediocre. Lo aprecia como algo valioso. Creen que son fuertes porque representan a la mayoría. En las capas medias no existen la sorpresa ni el temor. Se empujan unos contra otros para sentir la ilusión del calor. En la mediocridad nadie puede encontrarse a solas con algo, mucho menos consigo mismo. ¡Y cuan felices parecen!