El boxeo es una celebración de la religión perdida de la masculinidad, tanto más contundente por estar perdida.
La celebración del rencor no hace daño a la persona contra la que se celebra el rencor, sino que perjudica a la persona que lo ejerce.
Es fácil pedir más éxitos, una mejor posición profesionalmente, pero para mí, eso no se puede pedir. No soplas una vela y llegan los campeonatos. Hay que trabajar y volver a la senda de las victorias. Ganar o no es difícil, pero tarde o temprano voy a volver a ganar
Duerme en paz, Ixtacíhuatl: nunca los tiempos borrarán los perfiles de tu casta expresión. vela en paz, Popocatépetl: nunca los huracanes apagarán tu antorcha eterna como el amor...
El boxeo es una celebración de la religión perdida de la masculinidad, tanto más contundente por estar perdida.
De la celebración dominical surgen los motivos de alegría y esperanza, que dan nuevo sabor a la vida de cada día y constituyen un antídoto vital contra la posible tentación del aburrimiento, la falta de sentido y la desesperación