El miserable temor de ser sentimental es el más vil de todos los temores modernos; más vil aún que el terror que ha dado origen a la higiene.
La claridad molesta siempre al prójimo. De ahí el favor sentimental de que gozan los poetas.
El doctor Barrios se alejó despacito, pensando en lo bella y sensible que era la hija de su colega y en la semejanza que la vida tiene con los rosales; apenas una rosa acaba de perfumar la existencia de algún hombre cuando se deshoja, y luego otro nuevo capullo se abre en un nuevo florecimiento, tan intenso como el de la rosa muerta.
Y no hay nada sensible que no esté en un lugar.
Es patético que no podamos vivir con las cosas que no entendemos. Que necesitemos que todo esté etiquetado, explicado y deconstruido. Aunque sea del todo inexplicable. Aunque sea Dios.
Arthur London era un viejo amigo mío. Lo que me contó de su prisión, de las torturas... Fue un descubrimiento tremendo, patético