... si poseyéramos una imaginación lo bastante viva y una simpatía lo suficientemente sensible para comprender efectivamente y sentir los sufrimientos de los demás, no tendríamos un solo momento de tranquilidad de espíritu.
El hombre dado a lo sensible se rie a menudo cuando no hay de qué reírse. Su bienestar interior sale a relucir sea cual sea el móvil que lo estimule.
Para el escritor hay una cuestión de honor intelectual en no escribir nada susceptible de prueba, sin poseer antes ésta.
El uso del poder es siempre susceptible de ser arbitrario, despótico y alienante.
Hay una infinitud de ideales disímiles como las hojas. El ideal es lo íntimo del ser, lo que lo distingue de los otros seres. Ese átomo diferencial, único para cada individuo, es en el plano sentimental y estético la personalidad de arte y la inmortalidad individual, pues no existen, ni han existido dos seres de sentimentalidad idéntica desde el principio del mundo.
Es una idea absurdamente sentimental pensar que las mujeres pueden hacer más por la paz que los hombres. No hay pruebas históricas. Siempre ha habido mujeres muy guerreras y muy racistas.
...es lo que decimos cuando no queremos mostrar nuestra debilidad, decimos, Bien, aunque nos estemos muriendo, a esto le llama el vulgo hacer de tripas corazón, fenómeno de conversión visceral que sólo en la especie humana ha sido observado.
Por contra, la intensidad visceral plasmada en la televisión posee la capacidad de disparar reacciones instintivas similares a las despertadas por la propia realidad, sin ser moduladas por la lógica, la razón y el pensamiento reflexivo.