La ira es un caballo fogoso; si se le da rienda suelta, se agota pronto por un exceso de ardor.
¡Oh, Platón!, el caballo sí lo veo; pero la equinidad no la veo.
El caballo galopaba libremente, la confianza del jinete depositada en instinto seguro.
La carga es igual a la fuerza del caballo