Vuelo como una mariposa, pico como una abeja
Si nada picó la culpa no fue mía, faltaban los peces.
De acuerdo, la corrida forma parte de la tradición en España. Lo comprendo pero ¿por qué enseñarles a matar tan jóvenes, a dar muerte con la punta de esa espada?.
Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría otra alegría, en la punta de la espada la magia: es allí a donde voy.
Sus pechos nadaron hacia mí como dos peces de morro rosado, y Brenda me permitió sostenerlos. Luego, en un instante, fue el sol quien nos besaba a ambos y ya estábamos fuera del agua, demasiado satisfechos mutuamente como para sonreír.
Primero, creía que Zapatero se lo tomaba en serio. Después, pensé que no se enteraba. Y ahora pienso que tiene un morro monumental.