El mundo lo llama placer. Mi tío lo colecciona -lo mantiene limpio y ordenado, en estantes protegidos, pero lo conserva de un modo extraño no para su propio deleite, no, eso nunca; más bien, porque proporciona combustible para la satisfacción de una curiosa lujuria. Me refiero a la concupiscencia del bibliotecario.
Y yo que no veía la hora de tenerte en mis brazos y poderte decir... ¡Te amo! Desde el primer momento en que te vi y hace tiempo te buscaba y ya te imaginaba así.