Un alma se mide por las dimensiones de sus deseos, como se juzga una catedral por la altura de sus campanarios.
No te preocupes por el tamaño de tu árbol de Navidad. A los ojos de los niños, todos son de treinta pies de altura
La vulgaridad es el blasón nobiliario de los hombres ensoberbecidos de su mediocridad.
Todo parece más encantador cuando lo vemos a distancia, y las cosas toman un relieve singular cuando se observan en la cámara oscura del recuerdo
Vistas las cosas en la cámara oscura del recuerdo, toman un relieve singular.