Lo que libera a la metáfora, al símbolo, al emblema de la manía poética, lo que manifiesta la fuerza de la subversión, es el disparate, ese atolondramiento que Fourier supo poner en sus ejemplos, desdeñando todo decoro retórico. El porvenir lógico de la metáfora sería pues el gag.
¿Ves mi mono para el trabajo? En el lado izquierdo lleva el emblema del Cavallino y yo lo siento latir su corazón al lado del mío
¡Qué mayor dicha ni qué mayor gloria que la de pertenecer a un país donde se respeten las leyes, la equidad y el juicio de la opinión pública!
De todos los despotismos, el de los doctrinarios o de los inspirados religiosos es el peor. Son tan celosos de la gloria de su dios y del triunfo de su idea, que no les queda corazón ni para la libertad, ni para la dignidad, ni para el sufrimiento de los demás hombres vivientes, de los hombres reales.
En mi perpetua ejecutoria de aprendiz en nada he logrado ser magistral...
Una ciencia de noble ejecutoria no necesita resolver sus problemas en breve plazo. Sólo los impacientes carecen de la facultad de investigar con calma y esperar que los hechos den la respuesta exacta.