En general he pintado sólo a gente a la que conozco lo bastante bien como para capturar su luz, su esencia; todos los niveles de su personalidad. Pinto basándome en el conocimiento del otro y estoy abierto a las reacciones de la gente. Cuanto más conoces al que tienes enfrente, más interesante es el dibujo.
Yo mismo ignoraba como había solventado las dificultades que ahora veía resueltas en el cuadro. Me asombraba de mi propia maestría. Tan ajeno me sentía que de esas obras solía decir que las habían pintado los ángeles, que mi mano sólo había cernido de instrumento, de médium.