El hombre se adentra en la multitud por ahogar el clamor de su propio silencio.
En el clamor de la insurrección es fácil olvidar el motivo por el que luchamos
Amo a mi país, ¡Por los arenques que lo amo! Quisiera que ver pudierais las lágrimas que sollozo al pensar en el barco, en el tren de los emigrantes.
El pueblo se inquieta al ver llorar, como si un sollozo fuera más grave que una hemorragia
Chau, amor mío, pero el desencanto puede ser tan fuerte por quererte tanto que ni aún la muerte pueda ahogar el llanto de mi soledad.
Yo te veo Ave María- en todas esas muertes, en todas esas vidas y el llanto de las horas que fluyen en mi corazón.