Las estrellas garabateaban en nuestros ojos heladas epopeyas, cantos resplandecientes del espacio inconquistado
Mucha gente me pregunta si sentí a Dios en el espacio. Y lo cierto es que no. El espacio es un lugar silencioso, oscuro, estéril, muerto. En cambio, cuando miras a la Tierra, ves la complejidad de la vida. Si Dios existe, desde luego está en la Tierra, no en el espacio.
La sociedad de la opulencia trae consigo una sobreabundancia de tiempo libre que ofrece, desde luego, ocasión para una configuración de la vida plena de sentido, pero que en realidad no hace sino contribuir al vacío existencial.
Y por vida de tus ojos, que son de mis ojos vida, que nuestra amistad despida cualquiera ocasión de enojos.
No me gusta trabajar, pero me gusta que en el trabajo tienes la oportunidad de encontrarte a ti mismo. Tu propia realidad, para ti mismo, no para otros, que ningún otro hombre puede conocer.
Las universidades no deberían temer a enseñar novedades radicales; por el contrario, es su llamado dar la bienvenida a la oportunidad de hacerlo. Su disposición a hacerlo es nuestra principal salvaguarda contra las dictaduras, sean del proletariado, del establishment académico, o de la élite corporativa.