No te limites a ti mismo diciendo: si sólo tuviera ésto, o aquello. Puedes pensar en todas las cosas que no tienes, pero yo te pregunto ¿Es esto realmente constructivo? No, porque no hay forma de regresar el tiempo, depende de ti, de lo que estás haciendo hoy, tus prioridades, tu agenda diaria, va a determinar qué tan exitoso eres
Aprovechen la pausa para revisar su agenda de amigos, encontrarán que han malgastado su preciado tiempo y paciencia en conocer a un montón de ineptos, no se corten, cojan un boli y táchenlos.
Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha al mismo tiempo fue el no aceptar las cosas como dadas. A mí no me bastaba con que me dijeran que eso era una mesa, o que la palabra madre era la palabra madre y ahí se acaba todo. Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para mi un itinerario misterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba.
Tu cuerpo es el país de las caricias, en donde yo, viajero desolado - todo el itinerario de mis besos - paso el otoño para no morirme, sin conocer el valor de tu ausencia como un diamante oculto en lo más triste.
Poco a poco, sin pretenderlo, vamos a componer un programa político. No uno de esos programa que sirven para conquistar la opinión, subir al poder y mal gobernar dos o tres años, porque esta especialidad está reservada a los jefes de partido...
Un individuo al que votan 5 millones vale menos que un programa que ven 15.
Aprovechen la pausa para revisar su agenda de amigos, encontrarán que han malgastado su preciado tiempo y paciencia en conocer a un montón de ineptos, no se corten, cojan un boli y táchenlos.
No te limites a ti mismo diciendo: si sólo tuviera ésto, o aquello. Puedes pensar en todas las cosas que no tienes, pero yo te pregunto ¿Es esto realmente constructivo? No, porque no hay forma de regresar el tiempo, depende de ti, de lo que estás haciendo hoy, tus prioridades, tu agenda diaria, va a determinar qué tan exitoso eres
El manantial desaprueba casi siempre el itinerario del río.
Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha al mismo tiempo fue el no aceptar las cosas como dadas. A mí no me bastaba con que me dijeran que eso era una mesa, o que la palabra madre era la palabra madre y ahí se acaba todo. Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para mi un itinerario misterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba.
Ha llegado la hora de buscar a los perdidos.
La organización de este torneo (Buenos Aires 1939), único en cuanto a sus proporciones en la historia ajedrecística, demuestra también que el gran sentido cultural de nuestro juego -que asocia tan felizmente los elementos del deporte y de las artes- es en la hora actual reconocido sin discusión por el mundo entero.