Sí, yo soy descendiente de inmigrantes, hijo de un húngaro y nieto de un griego que luchó por Francia en la Primera Guerra Mundial. Sí, mi familia vino de fuera. Pero en mi familia, señor Le Pen, amamos a Francia porque sabemos lo que le debemos. Francia no es una raza, no es una etnia, no es el derecho de la sangre, es una voluntad de vivir juntos y compartir los mismos valores.
Yo no soy yo, soy el descendiente de todos mis antepasados.
El Esclavo está sujeto al mundo natural, ya que prefirió vivir. El Amo, que arriesgó la vida, venció el mundo natural y, por lo tanto del Esclavo. El Amo aceptado la muerte conscientemente, el Esclavo la ha rechazado.
Las conductas humanas ligadas a la condición natural son, en el fondo, inmutables.
La verdad no pertenece al orden del poder y en cambio posee un parentesco originario con la libertad: otros tantos temas tradicionales en la filosofía, a los que una historia política de la verdad debería dar vuelta mostrando que la verdad no es libre por naturaleza, ni siervo el error, sino que su producción está toda entera atravesada por relaciones de poder. La confesión es un ejemplo.
Los americanos, todos: del Norte al Sur, pasando por el Centro y por el Caribe, debemos reencontrarnos con el sueño originario del Nuevo Mundo que llenó de esperanzas a la humanidad
El hombre que dice que no ha nacido feliz podría, por lo menos, llegar a serlo por la felicidad de sus amigos o de cuantos le rodean. La envidia le impide este último recurso.
Sin ella, mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo y Morgana y los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia
¿Después de que mi cabeza se haya desprendido del cuerpo, podré oír, por lo menos por un momento, el sonido de mi propia sangre cuando brote de mi cuello?, quedo en silencio por un momento y agrego sería el mayor placer para terminar todos mis placeres
En ese instante sentí una horrible tristeza y, sin embargo, algo así como un brote de risa empezó a cosquillearme el alma.
El mundo tiene sed de amor: tú la apaciguarás, ¡oh esplendor de la carne! ¡Oh esplendor ideal! ¡Oh renuevo de amor, triunfal aurora en la que doblegando a sus pies los dioses y los héroes, la blanca Calpigia y el pequeño Eros cubiertos con nieve de las rosas las mujeres y las flores su bellos pies cerrados!
Ella era equilibrada, distinta; exactamente el renuevo que mi sangre necesitaba.
Más vale un abrojo de experiencia que toda una selva de advertencias
Si la Torre Eiffel representara la edad del mundo, la capa de pintura en el botón del remache de su cúspide representaría la parte que al hombre le corresponde de tal edad; y cualquiera se daría cuenta que la capa de pintura del remache es la razón por la cual se construyó la Torre
La televisión, tal y como se ha ido desarrollando en los últimos años, es antipedagógica. Hay que aprender a verla mediante unos criterios operativos concretos. Los psiquiatras vemos muchos de esos lamentables resultados: niños apáticos, narcotizados delante del televisor, que se lo tragan todo, sin imaginación ni creatividad...Y todo ello, con sólo apretar un botón y sin el menor esfuerzo.
Los dos Bonavenas son reales. Uno busca la publicidad, el ruido para poder subsistir. El otro, que solamente conocen algunos amigos, vive como cualquier hombre común. Es decir, toma mate, le da un beso a la vieja, cría los hijos y anda en coche. No puedo decir que el showman es menos que el otro, porque son distintas las situaciones en las que se mueven
¡Cómo se cría el hábito en el hombre!
Sólo si dos organismos o especies de la misma raza se unen, la descendencia de estos será de raza pura, y las diferencias entre padres y descendencia serán mas leves
Nuestra raza y nuestra descendencia nos habitan sin que las veamos.
Luego todo se convirtió en una sucesion de hechos concretos o de nombres propios o de verbos o de capitulos de un manual de anatomia deshojado como una flor, interrelacionados caoticamente entre si.
La literatura es como el mar; el arte es también una sucesión de formas que se golpean a sí mismas; es como el fuego, como el aire, como los cuatro elementos, que son siempre, por una parte, inmutables, y por otra siempre cambiantes.
El que tiene suerte, encuentra en el yerno un hijo; el que no la tiene, pierde una hija.
Las mujeres más refinadas, más sentimentales, raramente conocer una vida dichosa, pues los hombres quieren una mujer para su exclusivo placer, los maridos una esposa que lleve la casa y haga la comida y los viejos una nuera que les asegure la descendencia. Ninguno busca amor.