Una de mis grandes ideas había sido la unión, la concentración de los mismos pueblos geográficos que se disuelven y dividen. Me hubiera gustado hacer de estos pueblos un solo y mismo cuerpo nacional, con un cortejo tal hubiera sido bello avanzar hacia la bendición de los siglos. Yo me sentía digno de tal gloria.
Al frente de la pequeña columna iba un SS que, como buen alemán, amaba a los niños, incluso cuando estaba a punto de verlos en camino hacia el otro mundo. Sentía especial aprecio por un muchacho de doce años, violinista, que llevaba su instrumento bajo el brazo. El SS le dijo que se pusiera en cabeza del cortejo y tocara, y así iniciaron la marcha.
Nunca me he tomado esto como una cuenta atras hasta los 21. No se. No soy mucho de, 'Si! vamos a salir y a echarnos a perder. tengo 21!'. Será bueno porque voy a poder ir a una gran cantidad de conciertos que mis amigos siempre van, dijo, aparte de eso, no creo que me vaya a dar un repentino enamoramiento con la idea de ir a clubs
El amor de mi hombre no conocerá el miedo a la entrega, ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento en una plaza llena de multitudes. Podrá gritar -te quiero- o hacer rótulos en lo alto de los edificios proclamando su derecho a sentir el más hermoso y humano de los sentimientos.
Los Redondos eran la banda de rock cuando la gente de la Capital tuvo una época de coqueteo tecno y dark y no sé qué cosa, y en los barrios eso no pegó porque las circunstancias eran totalmente distintas: Lo tecno y lo dark eran para gente que está levemente aposentada, libre de tensiones, mientras que el rocanrol está en la esquina, en Lugano, en Laferrere, allí el rocanrol no para nunca.
¿Por qué los idiotas más feos del mundo enamoran a las mujeres más bellas que hay? ¡Oh, Condorito! ¡Jamás en mi vida me habían dicho un piropo tan lindo!
Lo que los hombres llaman galantería y los dioses adulterio, es mucho más común donde el clima es sofocante.
La galantería es una intriga amorosa en la que queremos que el adversario nos aventaje.
Así es el tango, sabés, de ayer y de hoy, requiebro y pena de amor. Si no entendés, escuchá lo que te digo, que los barrios son testigos de que cuento la verdad.
Luis Juez cumplió 44 años. Lo festejó junto a su hermano mellizo, aunque por las sospechas de fraude, sin demasiado entusiasmo y confesó: Tuvimos que usar un matafuego porque ya no teníamos aire ni para apagar las velitas
Toda mirada era un festejo de sol, de estar de abismo iluminado.