Mientras haya un pirata enfrente como EE.UU, violando el derecho internacional y apretando a una pequeña nación llamada Cuba, el comandante Fidel y yo, en la misma trinchera, disparamos contra él
Creo que todos tenemos un pirata dentro de nosotros. Nos traslada a cuando éramos niños y queríamos ser pirata, karatekas o cowboys. Tiene que ver con la libertad, la rebelión y el sentimiento de no tener responsabilidades
Todavía vivimos bajo el influjo de argumentos demagogos y absurdos, que aseguran, con una simpleza insensata, que el pobre es bueno porque es pobre y el rico es malo porque tiene más
Hay un gran árbol; su tronco es tan grueso que sería muy difícil cortarlo. Ahí sigue al borde del camino. Los carpinteros que pasan por allí ni se dignan mirarle, pero muchos viajeros se cobijan bajo su enorme sombra. Así es el Sabio: de tan grande deviene en inútil, pero muchos se cobijan bajo sus palabras. ¿Por qué, entonces, va a ser perjudicial y malo no servir para nada?
Jurar en falso por la salud de la madre jamás ha perjudicado la salud de ninguna madre.
La verdadera razón por la cual no tenemos los diez mandamientos en las cortes: No puedes poner no robarás, no cometerás adulterio y no prestarás falso testimonio en un edificio lleno de abogados, jueces y políticos. Crearía un ambiente de trabajo hostil.
Una infancia feliz es deficiente preparación de los contactos humanos.
Las consignas de una crítica deficiente malvenden el pensamiento en aras de la moda.
Bueno...que les puedo decir... estoy aquí de milagro. Han pasado muchas cosas desde diciembre para acá. Querido diario... (risas) Bueno, ustedes ven lo que está en mis manos, es una maraquita en forma de huevo. Y por una cosa así, me salió uno más grande aquí (señalándose su barriga). Menos mal que no fue un huevo chimbo
La burla y el ridículo son, entre todas las injurias, las que menos se perdonan.
M. Pernety me informó que él le ha comunicado mi nombre. Esto me lleva a confesarle que no soy tan completamente desconocida para usted, como podría creer, pero que por temor a la burla ligada a una mujer científica, he adoptado previamente el nombre de M. LeBlanc en la comunicación de aquellas notas que, sin duda, no merecen la indulgencia con la que me ha correspondido