El matrimonio es como darse un baño de agua helada en tiempo de frío; métete de un golpe, porque si lo piensas mucho, no le entras.
Recuerdo que yo era muy pequeñita cuando mi padre toreaba en Madrid, que después dejó para dedicarse en una ladrillera. Recuerdo que él ingresaba al cuarto de baño vestido de padre normal y luego, cuando salía, estaba vestido de dios, lleno de brillos, relumbrando alamares.