Por haberlo vivido en mis propias carnes, he aprendido que las imágenes gráficas (fotos, gráficos, dibujos animados y modelos informáticos) comunican información sobre la crisis climática a un nivel más profundo del que conseguirían las simples palabras.
Mi teoría, desarrollada a lo largo de años de ver a gente engañándose a sí misma hasta la perdición, era que el proceso creativo es mucho más vívido cuando emerge claro y puro de los profundos pozos que existen en las mentes de los creadores.
El pasado es una colección interminable de horrores que sólo merece el más completo de los olvidos; el futuro, una incógnita poco confiable que es preciso asegurar; el presente, el campo de batalla donde hay que garantizarse la vejez.
Así tenemos en la cámara fotográfica el recurso más confiable para el inicio de la mirada objetiva. Todos serán obligados a ver lo que es ópticamente cierto, explicable en sus propios términos, objetivo, antes de poder llegar a cualquier posible posición subjetiva.
Toda la estructura de la biología ortodoxa aún sostiene que la vida se produjo gracias al azar. No obstante, a medida que los bioquímicos profundizan en sus descubrimientos acerca de la tremenda complejidad de la vida, resulta evidente que las posibilidades de un origen accidental son tan pequeñas que deben descartarse por completo. La vida no puede haberse producido por casualidad
Cuando ya era evidente que ninguna reforma en el gobierno o en la economía haría a la gente menos miserable, la religión se convirtió en el único instrumento de la esperanza. El enemigo del pueblo era la verdad, porque la verdad era algo horrible, de modo que Bokonon se asignó la tarea de proporcionarle al pueblo mentiras cada vez mejores.