El hombre que hace el mal sufre en este mundo y sufre en el otro. Sufre y se lamenta al ver todo el daño que ha hecho. Sin embargo, el hombre que hace el bien es feliz en este mundo y también lo es en el otro. En ambos mundos se regocija, viendo todo el bien que ha hecho
- Voy a proporcionarle cierta información objetiva. ¿Tiene usted alguna idea del daño que sufriría ese bulldozer si yo permitiera que simplemente le pasara a usted por encima? - ¿Cuánto? -inquirió Arthur. - Ninguno en absoluto -respondió mister Prosser.
Podéis asegurar a Su Santidad que antes de sufrir la menor cosa en perjuicio de la religión o del servicio de Dios, perdería todos mis Estados y cien vidas que tuviese, pues no pienso, ni quiero ser señor de herejes... y si no se puede remediar todo como yo deseo, sin venir á las armas, estoy determinado de tomallas...
El provecho de uno es el perjuicio de algún otro.
Y ante éstas me he cuestionado si alguien se puede ganar que otro le niegue el derecho de volver a respirar. De que lo priven de todo, su futuro y sus recuerdos, por la ofensa imperdonable de que no vive de acuerdo.
Yo no he sufrido ninguna ofensa personal, ni por el rey ni por el gobierno actual. No siento odio hacia Humberto de Saboya, pero odio á todos los reyes, porque ellos impiden la realización de mi ideal, la República universal.
El primer humano que insultó a su enemigo en vez de tirarle una piedra fue el fundador de la civilización.
Suspender el trasvase por decreto me parece un insulto intolerable a la democracia
Muda la admiración, habla callando, y, ciega, un río sigue, que -luciente de aquellos montes hijo- con torcido discurso, aunque prolijo tiraniza los campos útilmente.
La dignidad de una generación consiste en emplear su propio criterio para discernimiento de lo heredado, defendiendo, impulsando, mejorando todo lo sensato y sabio y disminuyendo, en lo posible, lo torcido y lo maligno
Al margen de mi prosapia y opulencia, oso decir que soy un adonis, pese a ciertos defectos, como que mido tan solo un metro y medio y peso cuarenta y cinco kilos, que ando algo desdentado, mondo y lampiño, además de un poco bizco y significativamente cojitranco. Pero hasta el sol tiene sus manchas.
Si puedo evitar que un corazón sufra, no viviré en vano; si puedo aliviar el dolor en una vida, o sanar una herida o ayudar a un petirrojo desmayado a encontrar su nido, no viviré en vano.