Amada mía, querida mía, Ay, Patria mía. De tumbo en tumbo, se pierde el rumbo de la alegría. ¡Vamos arriba! Que no se diga que estás llorando; que tus heridas mal avenidas se irán curando.
Los políticos nos caracterizamos por cambiar el rumbo de los pueblos, no por exhibir dotes histriónicas.