La butaca que giraba en el vagón panorámico volvió a su memoria. Era como si viera su propia soledad, que giraba y giraba dentro de su corazón.
La experiencia es como un billete de lotería comprado después del sorteo. No creo en ella.
Sigo preguntándome si hay vida después de la muerte. Y si la hay, ¿le cambiaran a uno un billete de veinte pavos?