El que con perspicacia reconoce la limitación de sus facultades, está muy cerca de llegar a la perfección.
Saber que todos los cambios que se producen a nuestro alrededor son manifestaciones de esta degradación es de una perspicacia extraordinaria.
El genio artístico o literario, no es -en ningún caso- garantía de lucidez política.
La lucidez es ese estado donde todo lo inauténtico se nos descubre.