Es raro, muy raro, que nadie caiga en el abismo del desengaño sin haberse acercado voluntariamente a la orilla.
El desengaño camina sonriendo detrás del entusiasmo.
Cuando pases por la tumba donde mis cenizas se consumen, ¡oh!, humedece su polvo con una lágrima
Yo vivo de lo poco que aún me queda de usted, su perfume, su acento, una lágrima suya que mitigó mi sed.