No hay que dejar al juicio de cada quien el conocimiento de su deber; hay que señalárselo, no dejarlo escoger; si no, según su imbecilidad y la variedad infinita de nuestras razones y opiniones, nos forjaríamos deberes que nos llevarían a comernos unos a los otros.
Toda mi filosofía se reduce a que la crueldad de la historia, la imbecilidad humana y los zarpazos de la naturaleza no me cieguen hasta el punto de ignorar que éste es el momento idóneo para plantar berenjenas.
Soy crítico meteorológico, señor. La tormenta de anoche. Floja iluminación de los relámpagos, yuvia repetida, escenografía pobre y pésimo sonido de los truenos en otro fiasco de esta puesta en escena de Tata Dios. Una típica propuesta de verano, liviana, pasatista, para un público poco exigente.