Tengo que escoger lo que detesto: o el sueño, que mi inteligencia odia, o la acción, que a mi sensibilidad repugna; o la acción para la que no nací, o el sueño para el que no ha nacido nadie. Resulta que como detesto a ambos, no escojo ninguno, pero, como alguna vez tengo que soñar o actuar, mezclo una cosa con la otra.
A veces no nos dan a escoger entre las lágrimas y la risa, sino sólo entre las lágrimas, y entonces hay que saberse decidir por las más hermosas.
La vida del ser humano no tiene ningún sentido concreto, pues los humanos somos seres coincientes; disponemos por lo tanto, posiblemente de la mayor ventaja frente a los demás seres vivos: el libre albedrío, con el que podemos optar a darle a nuestra vida el sentido que queramos.
El alma de toda cultura viva es religiosa, tiene religión, con o sin conciencia de ello. Su religión es el sentimiento de su propia existencia, de su devenir, de su evolución, de su cumplimiento. No tiene libertad para optar por la irreligión.
¿Por qué esta necesidad de analizar, clasificar y etiquetar cada nueva relación?
La lucha de clases...Es la lucha por clasificar y en contra de ser clasificado, al mismo tiempo que es, indistinguiblemente, la lucha entre las clases constituidas. (...) No luchamos como clase trabajadora, luchamos en contra de ser clase trabajadora; en contra de ser clasificados. Nuestra lucha no es la del trabajo alienado: es la lucha contra el trabajo alienado.
Es propio del amor si es verdadero, compendiar en un ser el mundo entero.
En política siempre debemos optar entre dos males.
La vida del ser humano no tiene ningún sentido concreto, pues los humanos somos seres coincientes; disponemos por lo tanto, posiblemente de la mayor ventaja frente a los demás seres vivos: el libre albedrío, con el que podemos optar a darle a nuestra vida el sentido que queramos.
Cada forma de clasificar una cosa es solamente una manera de manejarla para un cierto propósito particular.
Percibir la esencia de todo nos hace comprender, clasificar y describir al mundo, en términos completamente nuevos; en términos mucho más incitantes y sofisticados.
Es propio del amor si es verdadero, compendiar en un ser el mundo entero.