Una de mis inspiraciones iniciales se remonta a la película Cabaret. Amo a Liza Minelli, la manera que canta es energía pura. Me gusta el modo en que las luces destacan cada movimiento del show.
¡El poder! ¡Llegar al poder! No le oculto que lo he ambicionado, pero por el camino de la revolución, con las características con que yo conducía el movimiento cuando me obligaron a tomar el de las vías comunes, tan lleno de dificultades para realizar una obra limpia, a causa de la maraña de intereses que crecen el él.
Si la obediencia es el resultado del instinto de las muchedumbres, el motín es el de su reflexión.
Ella se consideraba a sí misma como un cometa navegando en el viento y, asustada de su propio motín interior, cedía a veces a la tentación de pensar en alguien que pusiera freno a sus impulsos; pero esos estados de ánimo le duraban poco. Cuando meditaba en su futuro se tornaba melancólica, por eso prefería vivir desaforada mientras le fuera posible.
Cuando escribí El revelde pensé mucho en los pibes, más en los que ni siquiera vienen a vernos, que tienen 10 años. Que ellos canten eso me alucina, sobre todo en una época tan conformista, donde cualquier tipo de rebeldía es tomado como una utopía.
Un clima de rebeldía individuales puede durar indefinidamente. Solamente cuando la rebeldía está coordinada y encausada en un movimiento de liberación, adquiere la eficacia necesaria para luchar con éxito.
La única revolución es intentar mejorar uno mismo esperando que los demás también lo hagan.
Profundizar la revolución agraria en las zonas bajo el régimen independiente.