La Patria es un dolor que nuestros ojos no aprenden a llora.
Preciso es que el placer tenga sus penas, y el dolor sus placeres.
Como la herida era en el pecho, le apliqué el torniquete en el cuello
Los sollozos más hondos del violín del otoño son igual que una herida en el alma de congojas extrañas sin final.