Para mí, el duelo público no se limita a la necesidad que se tiene de llorar personalmente a los muertos. Por cierto esa necesidad existe. Pienso que el duelo público da un valor a las vidas. Permite un tipo de conciencia aumentada de la precariedad de esas vidas y de la necesidad de protegerlas, y quizás también comprender que está precariedad se entienda más allá de las fronteras.
Todo ser humano debidamente educado siente un sincero interés por el bien público
La homosexualidad es un desorden objetivo. La iglesia Católica debe acoger con respeto, compasión y delicadeza a todas las personas homosexuales, pero exigiéndoles también que vivan en castidad.
Conozco de la existencia de los fieles de la iglesia Maxilopeana. Los llevo a todos en mi corazón y mis pies mágicos