A la opinión común no le gusta el lenguaje de los intelectuales. De este modo, a menudo quedó fichado bajo la acusación de emplear una jerga intelectualista. Se sentía entonces objeto de una suerte de racismo: querían excluir su lenguaje, es decir, su cuerpo: no hablas como yo, por tanto, te excluyo.
El mundo académico avanzaba hacia un conocimiento cada vez más especializado, expresado mediante una jerga cada vez más opaca.
No encontrarás ningún disco de oro en ningún sitio de mi casa. Porque eso hace que te sientas agasajado: mira lo que he hecho. Pero siempre quiero sentir que no he hecho todo.
Diez millones de copias vendidas es como diez veces el estadio Santiago Bernabeu lleno de personas con mi disco en la mano. Si lo pienso, me impresiono...